lunes, 20 de julio de 2009

70 vs. 90


Estimado Sr. Ayer:

¿Qué queda de aquella década en la que la política quedó borrada como ejercicio de liberación del encierro de las ideas en el músculo menos ejercitado de nuestro cuerpo, de los jóvenes, de las pasiones y de los adultos que quedaron para contar de aquellos años?

Porque la voluntad de los jóvenes que buscan no está en las pasiones de hace más de 30 años. Las pasiones de los jóvenes de hoy quizás esté perdida en las voluntades de aquellos que vitoreaban el nombre de algún líder de los años 70, perdidos en el tiempo infinito de lo que no pudo ser. Aquellos sindicalistas que se vendieron al mejor postor después de tanta lucha en busca de igualdad o que fueron desaparecidos por no venderse.

No encontramos nada, solo recuerdos. Llenos están los estantes de lo que debería ser y de lo que fue. Nadie dice que hay que hacer y nadie hace. Lo único que si hay es reproches hacia una generación inerte, pasiva, descorazonada que fue criada por aquella llena de pasión e ideales.

¿Cuál es el puente que se rompió entre nosotros y ustedes? ¿Qué nos dejaron, qué se olvidaron de dar, de transmitir, por qué la semilla no germino?

No quito en este cuestionamiento hacia ustedes el cuestionamiento hacia nosotros, no quiero librarnos de culpa de por qué somos tierra infértil.

Tanto terror, tanto dolor tanto vacio quedo, el túnel se oscurece y hacia su final se pierde el puente. El lazo entre nosotros y ustedes aquellos que quedaron en el camino no por tropezar ni por darse por vencidos sino porque fueron arrancados de raíz y con ellos se llevaron toda posibilidad de reproducción. Ahí aparecimos nosotros que como única base donde pararnos es la historia que cuentan sobre una noche en que se llevaban a todos los que pensaban y ese pensamiento lo ponían al servicio de la comunidad. Sobre esa base crecimos. Donde con indiferencia miramos como miraba el resto de los argentinos que no cruzaron las líneas fronterizas que delimitan nuestro territorio argentino y los otros que no fueron desterrados de este suelo también pero que nunca podrán volver.

Lo que quedó es indiferencia apatía por todo, las instituciones los organismos, hasta la iglesia perdió su “Gracia” divina.

Ahí nos desarrollamos, en mundo distorsionado, libre pero de ideas. La globalización, el ser “ico-nohumano” es lo que marca nuestra esencia indiferente, en la que nada sorprende es de donde debemos resurgir. El principio otra vez está a disposición ustedes más nosotros podemos ayudar a nuestro amigo: “Futuro”

Atte. Sr. Hoy

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